Himno ESTAD POR CRISTO FIRMES

Notas para tocar en flauta el himno Estad por Cristo Firmes



FA SIb SIb SIb re SIb SIb SOL
SIb FA SIb do re do
FA SIb SIb SIb re SIb SIb SOL
SIb FA SIb re do SIb

FA do do SIb do re re
re mib re SOL do SIb LA
FA SIb SIb SIb re SIb SIb SOL
SIb FA SIb re do SIb


Letra del himno

¡Estad por Cristo firmes!
Soldados de la Cruz;
Alzad hoy la bandera
En nombre de Jesús.
Es vuestra la victoria
Con él por capitán,
Por él serán vencidas
Las huestes de Satán.

¡Estad por Cristo firmes!
Hoy llama a la lid;
Con él, pues a la lucha,
¡Soldados todos, id!
Probad que sois valientes
Luchando contra el mal;
Si es fuerte el enemigo,
Jesús es sin igual.

¡Estad por Cristo firmes!
Las fuerzas son de él,
El brazo de los hombres
Por débil no es fiel.
Vestíos la armadura,
Velad en oración.
Deberes y peligros
Demandan más tesón.

¡Estad por Cristo firmes!
Bien poco durarán
La lucha y la batalla;
Victoria viene ya.
A todo el que venciere
Corona se dará;
Y con el Rey de Gloria,
Por siempre vivirá.



Historia del himno
Fue un incidente muy triste y costoso el que dio lugar el que naciera uno de nuestros himnos favoritos: “Estad Por Cristo Firmes”. Su precio fue la vida de un ministro joven de brillante porvenir.

Era el Rvdo. Tyng, un hombre de fuertes convicciones, que predicó con audacia e intrepidez contra el pecado. A causa de su firmeza en contra de algunas costumbres de su época, se vio obligado a abandonar la iglesia que pastoreaba. Pero algunos de sus fieles amigos consiguieron un amplio local y allí continuó la predicación de la Palabra con muy buen éxito. Una de sus más notables reuniones se efectuó en aquel gran salón, con una asistencia aproximada de cinco mil hombres. Predicó un inspirador mensaje aquel domingo, basado en las palabras de Éxodo 10:11, “Id ahora, vosotros los varones, y servid a Jehová”. El mensaje conmovió los corazones y produjo resultados magníficos. Ese día, no menos de mil hombres hicieron voto de servir a Dios de todo corazón.

Tres días más tarde, el señor Tyng sufría un mortal accidente. Al entrar a un granero donde una bestia tiraba rodando una máquina, se acercó demasiado de tal modo que se le trabó un brazo y la maquinaria se lo destrozó, amputándoselo horriblemente. El domingo siguiente su púlpito lo esperaba, pero aquel joven ministro se encontraba postrado en su lecho de muerte. Alguien se allegó para preguntarle si tenía algún mensaje especial que transmitir a su expectante auditorio y él, sacando fuerzas de su abatido organismo, se irguió para pronunciar estas alentadoras palabras: “¡Dígales que estén por Cristo firmes!” Tales palabras inspiraron al Dr. Duffield más tarde las estrofas del himno que tanto amamos: “Estad por Cristo Firmes” y que fueron leídas en el propio funeral de aquel siervo de Dios, un domingo después. De modo que aquellas últimas palabras del Rvdo. Tyng: “Dígales que estén por Cristo firmes” han hallado eco a través de los años y han llenado de entusiasmo a millares y aun a millones de cristianos para librar la batalla de la fe y a redoblar sus esfuerzos como fieles soldados de la cruz.


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